2 de enero de 2018

Así viví el primer día de 2018

Este lunes, 1º de enero de 2018, me encontró transitando la rutina típica de un feriado. El 31/12 lo pasamos en casa, en compañía de la familia de mi hermano. Mi viejo tenía una botella de vino tinto que le habían obsequiado, de muy buena calidad por cierto, pero como él sólo toma vino blanco, aproveché y le hice el honor. En realidad, nunca me importó nada acerca de que la botella debe permanecer a 18º C, o las recomendaciones de los sommelliers, simplemente le agregué al vaso hielo y soda, y listo.
El asado estuvo bueno, aunque con demasiada grasa para mi gusto. Con un cuchillo bien afilado, problema resuelto. No hubo mayores contratiempos en la mesa de Año Nuevo. Ya a esta altura, cuando todos somos grandes, los festejos son más sencillos. 
El primer día del año, después de las 19 hs, fui a recorrer los bares de siempre, entre ellos El Escritorio. Les deseé muy buen año a todos, tomé algo, y seguí mi ruta. Necesitaba caminar aunque más no sea un intento para bajar, de a poco, los kilos que fui acumulando en los últimos dos años.

El lunes, dormí bastante, pese a que me desperté de madrugada, a eso de las 5. Tenía la boca reseca, tomé varios vasos de agua de la heladera, y me acosté nuevamente, sin conciliar el sueño del todo. Es muy difícil que una vez que me despierte, pueda volver a dormir. Estuve en una especie de "letargo", hasta que a las 9:30 me levanté. 

Las noticias no descansan, no saben de feriados ni de festejos, por eso, durante estos días, el diario digital lo mantuve actualizado, en la medida de lo posible. Y hoy, martes 2, seguí con mi trabajo de la misma manera que cualquiera. Quiero ofrecer un buen producto, y una de mis premisas es la de no caer siempre en el "lugar común", buscar notas que a mi criterio son de interés del lector. 

Cuido mi trabajo, porque es lo que me gusta hacer y además representa mi fuente de ingresos, por lo tanto, si bien en el verano la actividad disminuye, el desafío en encontrar algo interesante para publicar y para salir de la monotonía. 

Siempre sostengo que el 31 de diciembre es una etapa de transición, el primer día del nuevo año no trae consigo demasiados cambios, es sólo un ciclo que se terminó, y otros 12 meses en los cuales deberemos afrontar disgustos, pero también satisfacciones. La vida siempre nos otorga una revancha, y si 365 días resultaron buenos, no hay motivos para pensar que los subsiguientes no lo sean. Digo esto, más allá de la política económica, los desastres naturales, y todo lo que sabemos que puede ocurrir y que nos es totalmente ajeno poder manejar. Será cuestión de adaptarse. 

Por lo tanto, 2018, en sus escasos dos días, puede representar la oportunidad que no se nos dio en el período anterior. O bien más de lo mismo. La "llave" la tenemos nosotros, en buena medida. Punto final. 


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