12 de agosto de 2018

Un domingo melancólico y tranquilo

Mañana de domingo en Lobos. Comienzo el día tranquilo, tomándome el tiempo necesario para cebar unos mates y mientras voy bebiendo por la bombilla, chequear el trabajo. Revisar grabaciones de entrevistas que hice, los mails, esto último porque la memoria a veces me traiciona y no recuerdo bien el horario de una conferencia de prensa, o el evento que fuere. 

Los domingos por los general discurren tranquilos dentro de la rutina semanal, aunque el periodista debe estar disponible para lo que surja en cualquier día. Por la mañana suelo dedicarme a lo que mencioné antes, a ver lo que ya tengo hecho para poder darle forma y publicarlo cuando sea el momento. 

Y siempre que haya un rato libre y el clima acompañe, aprovechar para caminar, en el Parque o donde sea, como una forma de salir del encierro y hacer actividad física, que me hace bastante falta. Es fácil aumentar de peso, y mucho más engorroso perder esos kilos que ya se hacen sentir. Lo que me juega en contra es que soy muy inconstante, proponerme una rutina que sea fuera del trabajo me tiende a aburrir, por eso quizás tampoco podría hacer meditación, en mi cabeza pasan miles de cosas por minuto y creo que me costaría concentrarme en un pensamiento específico. 

Lo principal es sentir que el día te rindió, que lo aprovechaste de la forma que vos quisiste, porque el tiempo no da tregua, van cayendo las hojas del almanaque y vamos postergando cosas que se podrían resolver sin mayores problemas. Mantener una casa no es fácil, siempre hay que hacer algún arreglo de mampostería, o de pintura, y si te querés ahorrar unos mangos y sentís que lo podés hacer bien, se puede desistir de llamar al pintor o al plomero. Por supuesto, cada uno se gana el mango como puede, de hecho al lado de mi casa hace ya tres meses (como mínimo), que tengo una obra en construcción. Se hace imposible descansar porque están toda la tarde con el martillo neumático, con la sierra, con la maza, y no se qué otro tipo de herramientas. La cuestión es que, yo respeto el trabajo de los albañiles, pero tienen que contemplar que hay determinados horarios donde uno quiere descansar, o simplemente ver televisión, tarea imposible con los martillazos constantes. Parece que luego de haber "dinamitado" todo, la obra va llegando a su fin. Al igual que esta nota. Punto final. 

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