2 de marzo de 2021

Halcones y palomas pelean en el ring

 Marzo comenzó con un calor sofocante, contradiciendo mi pronóstico (nunca mejor dicha esa palabra), que el termómetro nos iba a dar un respiro. Ayer asomaron unas ínfimas gotas y estaba bastante nublado, pero no fue más que un simulacro de lluvia. Logré hacer algunas cobranzas, como es habitual los primeros días del mes, y perdí demasiado tiempo teniendo que esperar en todos lados. Más allá de la incomodidad que me provocó, es algo propio de muchos vecinos que tenían cuentas corrientes por pagar, sumado al hecho de que muchos negocios (por ejemplo, una librería), lucen atiborrados de gente con motivo de la reanudación de las clases. En lo que a mí respecta, ya sé quienes pagan sin problemas los servicios publicitarios que brindo, y quiénes te hacen ir dos o tres veces esperando que vos te canses y no vayas más para que te abonen lo que te pertenece. Uno conoce a los clientes al cabo de un tiempo, y acepta esas condiciones porque son su fuente de ingresos. Por lo demás, desde temprano estuve abocado a lo que suelo hacer todos los días, redactar notas y buscar material para publicar. Llegué a casa "molido", almorcé más tarde, y después continué retocando fotos que no habían salido muy nítidas porque es lo primero que el lector ve, y lo primero que llama la atención o no, además del título. El texto, o la nota propiamente dicha, viene después. 

Fue interesante esta mañana tener la posibilidad de formular preguntas a Martín Lousteau (ex Ministro de Economía), y debo decir que no me importó tanto el espacio al cual representa, sino su diagnóstico de la realidad. Volcar cuestiones técnicas puede llevar a que el lector pierda interés, pero a esta altura todo el mundo sabe, o debería saberlo, que es el PBI, por citar un caso. No obstante, creo que ningún economista, ni los de ahora ni los de antes, puede explicar la decadencia argentina. Me corrijo: es posible que tengan una explicación, pero cuando asumen no implementan medidas o políticas públicas conforme a ese análisis que hacen en los foros donde los escuchan empresarios e industriales para intentarlos convencer de las bondades de un determinado plan. No soy especialista en economía, pero es evidente que hace años cada Ministro busca tapar los agujeros que dejó el anterior, y no se les puede pedir sensibilidad social porque toman decisiones de acuerdo con "recetas" que consideran que podrán equilibrar una serie de variables. Por eso es que terminan chocando con el resto de las áreas de Gobierno. Subsidiar servicios públicos ayuda al bolsillo del argentino promedio, pero exige al Estado un costo que va en contra de recortar gastos. 

Con relación a esto último, los ministros de Macri se propusieron, entre otros objetivos inconfesables, desenmarañar todo ese entramado de aportes que hacía el Estado para compensar el costo de la energía. Pero claro, cuando a vos la tarifa de luz te aumentó un 1.300 %, sin que tu sueldo esté acorde con esos valores, es imposible congeniar con los tecnócratas. Después tenés la presión de los sindicatos, algunos que agarran viaje enseguida en las paritarias porque son minoritarios, y otros gigantescos como el de Moyano que te paran un país. Como los transportes en trenes de carga son mínimos gracias a la destrucción del ferrocarril perpetrada por Menem, los camioneros hace años que adquirieron un poderío inusitado. No obstante, no estoy de acuerdo con que a Macri lo pulverizó políticamente la economía. En todo caso, no es excluyente. Nadie sabe adónde fue a parar la guita del crédito que otorgó el FMI, y que  llevará años cancelar en su totalidad. Los radicales con visión crítica tomaron nota, quizás tardíamente, del descontento popular y del "ninguneo" de sus socios del PRO. El tema es que una vez que el barco zarpó, ya no te podés bajar. Formar parte de una coalición de amplio espectro da lugar a que nadie se quiera hacer cargo. La política argentina ya no es más bipartidista. Existen la UCR y el PJ, pero los peronistas forman un frente y se encolumnan todos detrás de un líder. Y a decir verdad, les ha salido bastante bien en términos electorales. Los radicales se hartaron de perder elecciones y por ello acordaron con un partido que está en las antípodas de su ideario. Bueno, Menem también fue un peronista neoliberal que privatizó todo y fundió al país, pero le dio resultado durante 10 años. 

Si hablamos de internas, podríamos afirmar que se dan en todos los ámbitos: entre los empleados una empresa, en la Policía, en los clubes de fútbol, en las instituciones privadas, en el propio periodismo. Pero si hay internas dentro de un Gobierno (que siempre las hubo), el problema es que le joden la vida a millones de personas que no son necias y que ven cómo se pelean entre ellos. por una mísera cuota de poder. Y como se decía antes, la eterna puja entre "Halcones y palomas". Esa es una de las causas de nuestra decadencia, una bomba que está a punto de detonar en cualquier momento. Punto final. 


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