10 de marzo de 2021

Verdad y obviedad: No existe la igualdad de oportunidades

Mitad de semana en Lobos. Muchas veces es bueno mirar a tus espaldas y ver el camino recorrido, no con nostalgia ni con bronca, sino pensando en lo que fuiste capaz de hacer. Le hiciste frente a situaciones difíciles, no como vos hubieras querido, sin embargo otros no quisieron o no pudieron hacerlo. Tuviste que tomar decisiones cruciales en soledad, porque en ese momento no había nadie para darte una mano. Al principio, seguramente laburaste de cosas que no te gustaban y con un empleador que se aprovechaba de vos, pero consideraste que era la única forma honesta de tener tu plata. Te dijeron que no, una y mil veces, pero vos insististe hasta que lo lograste, o al menos te quedó la satisfacción de haberlo intentado. De ser un niño a quien todos le prestan atención y le conceden todos los gustos y caprichos, pasaste a ser un adulto que debe lidiar todos los días con una sociedad desquiciada. 

La inocencia (por así llamarla), no se pierde sólo con la virginidad, como se piensa. Se pierde cuando te estafan y te mienten. Comprendés entonces que no todas las personas son lo que parecen ser, que la competencia por un puesto de trabajo es feroz y desleal, que hay chicas/os que que para acceder a un empleo debe satisfacer los favores sexuales que exige el jefe de turno. Por lo tanto, en esos casos la capacidad e idoneidad que uno cree tener no es tenida en cuenta, porque prevaleció más una noche en un motel.

Hasta se ha acuñado un término para definir esto: “meritocracia”. ¿Qué extraña creencia se ha apoderado de las generaciones recientes para que crecieran con la convicción de que alguien les va a reconocer lo que han hecho por el beneficio de sus demás? Avísenle de mi parte que el mundo es un lugar muy distinto a lo que se supone, donde los intereses individuales chocan permanentemente. Digamos que hay que abrirse paso a machetazos en la selva, porque de lo contrario te pasan por encima. No le estoy restando valía al esfuerzo y a la dedicación, no es ese el mensaje. Sólo sostengo que, lamentablemente, no es la única variable que se toma como referencia para ascender socialmente.

También suele escucharse que hay que tener "fuerza de voluntad" para conseguir tal o cual objetivo. Lo que pasa es que la voluntad se va erosionando con los años, o se dimensiona de otra forma. Cuando un anciano de 80 años se recibe de abogado, por ejemplo, suele ser noticia, como el ejemplo a seguir. Pero esos son casos minoritarios, puesto que la mayoría de la gente a esa edad está recluida en un asilo o geriátrico, olvidada por su familia que con frecuencia espera que el señor mayor se muera para repartirse la herencia. No hay motivo para asombrarse de esto, pasa todo el tiempo. 

Por lo general, las mejores ideas para redactar una nueva nota en el blog sobrevienen durante la noche, cuando estoy en la cama tratando de conciliar el sueño. Me entusiasmo con mi súbita creatividad, y voy escribiendo mentalmente el texto. Pero como no tengo la computadora en el dormitorio, tan pronto como llega el sueño las ideas se desvanecen. Podría tomarme la molestia de anotarlas en un trozo de papel, pero la sola posibilidad de tener que levantarme de la cama y tomar una lapicera no me seduce demasiado.

 Finalmente, al día siguiente queda algún vestigio de la idea original dando vueltas por ahí, pero no termino de pulirlo, de darle forma. Bueno, me sucede algo parecido a las personas que tienen por costumbre anotar lo que soñaron, cuando te despertás al otro día y leés lo que escribiste es muy probable que te encuentres con un montón de frases inconexas, que no reflejan de un modo más o menos fiel tu viaje onírico. Pero sí hay que hacer la salvedad que las pesadillas permanecen más tiempo en la memoria porque lo que soñaste te conmocionó de un modo inesperado.

 La noche avanza y estamos en las últimas horas del día. Mañana, la máquina volverá a funcionar, la rueda volverá a girar, y la vida va a volver a ser como casi siempre. Pero si no tuviéramos la convicción de que el día siguiente nos puede deparar una sorpresa o una verdad no revelada (sobre todo para los periodistas), tendríamos menos estímulos para seguir pedaleando. Punto final.


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