16 de marzo de 2021

Me verás volver

 Un intenso comienzo de semana. Creo que se repitió la postal del lunes anterior, donde la gente considera imperioso realizar trámites que puede efectuar durante los días restantes. Perdí buena parte de la mañana editando y corrigiendo notas, yendo al RapiPago, buscando un repuesto para mi celular, el cual no conseguí en varios locales hasta que di con uno que sí lo tenía. Llegué a mi casa tan estresado y saturado de tener que hacer cola en negocios que normalmente no frecuentan muchos clientes, que pasado el mediodía, cuando me senté a almorzar, no tuve apetito, comí algo para no estar con el estómago vacío, pero si no bajaba un cambio, la comida me iba a caer pésimo. Hay que darle a cada cosa su justa y verdadera dimensión. El problema es que no es para todos de la misma manera. A lo que me refiero es que, pese a tener que andar de un lado para otro, mi familia y yo gozamos de buena salud, no tuve que ir al Hospital, por citar un ejemplo. No pasó nada grave, salvo la pérdida de tiempo que podía destinar a otras actividades más prioritarias. Los lunes en Lobos, últimamente son así: es como patear un hormiguero. 

Martes por la noche. Mientras redacto estas líneas, y ya habiendo realizado todo lo que tenía previsto en materia de laburo, me cebo unos mates con la lluvia como música de fondo. Sí, luego de más de un mes comenzó a llover, no en forma copiosa pero nunca viene mal.  Todo sirve para salir de ese tufo que te llenaba de sudor apenas salías de tu casa, ya sea a pie o en la bici. De hecho para hoy estaba pronosticada una tormenta eléctrica que hasta el momento no se concretó. Tampoco caigamos en la gansada de romantizar la lluvia, con el consabido "olor a tierra mojada", lo placentero de dormir mientras diluvia, y cosas por el estilo. Estoy seguro de que un tipo que vive en una casa precaria llena de agujeros y goteras en el techo no pensará lo mismo. 

Como marca el calendario, ya estamos en martes. Vino el Ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo. Y como siempre, la falta de respeto y consideración de los medios de prensa foráneos. Seguramente estaban algunos que forman parte del equipo de comunicación del Ministro, pero otros eran unos "cuatro de copas". Dejó sabor a poco que nos citaran a las 11 hs, que esperáramos 40 minutos mientras los referentes del Movimiento Evita le explicaran a Arroyo lo que hicieron o dejaron de hacer, y que luego de todo el circo, hubiera cinco minutos para hablar con los medios. El tipo probablemente ni se enteró de que nosotros, los periodistas presentes, estábamos clavados como una estaca mientras le hacían el city tour por un predio que es casi un baldío. Pero lo cortés no quita lo valiente, deberían saberlo. De más está decir que esto que me pasó no le interesa a casi nadie, pero pienso que se hace extensivo a otros laburos. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 


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