14 de julio de 2015

Maldita Buenos Aires

Tengo escritos casi 1.100 textos en este rinconcito denominado "blog", y voy a seguir hasta que el cuerpo (o Internet), aguanten. Cómo joden con las elecciones en Capital Federal, qué pérdida de tiempo por Dios...es que precisamente, los porteños se creen Dios, por eso viven en una "ciudad autónoma".

Una metrópolis de 3 millones de personas, con una infraestructura que se cae a pedazos, llena de mugre y de villas miseria, pero eso sí...autónoma, ¿vio? Porque claro, así como México tiene su Distrito Federal, y Washington DC no se queda atrás, un país subdesarrollado como el nuestro no podía ser menos. Ellos, los porteños, ya no tienen "Intendente": tienen algo conocido como "Jefe de Gobierno", que en los hechos es igualmente inútil, incapaz y que representa a la derecha argentina. Así funcionan las cosas. No me rompan las b... con Buenos Aires, digan lo que digan, la mejor época fue en los 90, me refiero a que no había tantos robos ni suciedad. No estoy hablando del "uno a uno" ni del dólar. Yo viví en Buenos Aires y realmente daba gusto salir de noche, a caminar, a ver una película en las funciones de los miércoles, a lo que sea. Hoy ya no es más así. Buenos Aires no tiene demasiadas cosas buenas, es hostil para el recién llegado (salvo que tenga dólares para estafarlo y esquilmarlo rápidamente), y lo peor de todo es que intentan encontrarle algo exótico que no tiene. La arquitectura, y todo eso. Puede ser, no lo voy a negar, pero es una ciudad como cualquier otra, con un río lleno de agua podrida, e inclusive hay gente que paga fortunas por tener un departamento "con vista al río". Cada vez que veo lo que pasa en Buenos Aires, más contento estoy de vivir en Lobos. 
Hago la salvedad que Lobos no es un oasis, sino que acá tengo todo cerca, o a lo sumo me tomo un remís o un colectivo.

No dejo de reconocer todo lo que ha progresado la ciudad, me refiero estrictamente a la mayor población y al avance que implica tener más calles pavimentadas. Pero queda mucho por hacer, y no podemos vivir en una dinastía. Sólo espero que tengamos la madurez necesaria para sopesar estos últimos cuatro años a la hora de elegir quien ocupará en sillón de Salgado 40. Punto final. 

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