19 de enero de 2016

Un elogio para la nostalgia

No se puede vivir de recuerdos, pero tampoco olvidar lo que nos tocó pasar a cada uno, porque forma parte de nuestra "biografía no autorizada". Hay veces en las que yo mismo me contradigo, al reflexionar que es un poco absurdo el planteo en contra de la nostalgia. Quizás haya que dosificarla, como cuando tomás una medicación, eso así. Ser nostálgico no está mal, porque en definitiva nuestro cerebro es como el disco rígido de una computadora, y allí esta guardado todo. Como decía León Gieco, "todo está guardado en la memoria". Los momentos de zozobra y sufrimiento. Las frustraciones. Las personas que odiamos o detestamos. Las grandes satisfacciones. Nuestro primer trabajo. El primer beso. La primera vez que alguien nos dijo "te amo". Es imposible borrar todas esas instantáneas, esas imágenes, de un plumazo. Pienso que son imágenes que conservamos para toda la vida, pero que no por ello te impiden bloquearte o seguir avanzando. Algún día vas a conocer a otra persona con la que te sientas a gusto y te enamorarás de ella, y no por eso lo anterior carezca de valor. Cuanto más se investiga el funcionamiento del cerebro, los científicos llegan a conclusiones asombrosas. Ninguna computadora, por más sofisticada que sea, puede siquiera emular lo que hace nuestra mente, y explicar por qué reaccionamos de tal o cual manera. Toda nuestra vida es un deja vu, más tarde o más temprano nos encontramos con las mismas personas, aunque estemos en un contexto social diferente. Y siempre aparece la oportunidad para organizar una juntada o una mateada, repetir sin tapujo aquellas anécdotas una y otra vez, compartir un asado, son cosas que no debemos perder, porque son muy nuestras, muy "argentas". 

La cultura de "usar y tirar", de lo descartable, no debe invadirnos, porque las personas no son objetos. No siempre nos toca relacionarnos con quienes deseamos hacerlo, la vida es un camino tan azaroso e incierto que nos podemos encontrar a alguien que jamás se nos hubiera cruzado por la cabeza conocer, ya sea para bien o para mal. Y los argentinos, muchas veces, tenemos "memoria selectiva": queremos mirar hacia adelante, pensar en un futuro mejor, pero por otra parte nos siguen doliendo las heridas que tardan en cicatrizar. Punto final. 

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