7 de febrero de 2018

"Made in..."

Hoy, como cualquier persona que necesita aprovisionarse, fui al supermercado. Hasta acá, nada fuera de la rutina. Lo que me sorprende es cómo se importan productos que antes se cultivaban o fabricaban aquí, con muy buena calidad. Peras y manzanas de Chile. Mandarinas de España. Dentífrico de EE. UU. (había una promoción según la cual, llevando dos unidades, te descontaban el 70 %). A ver, pensemos un poco... para que los tipos te hagan un descuento del 70 %, eso te da una idea del margen de rentabilidad o ganancia que tienen. Por otra parte, con un dólar a casi $ 20, ¿cómo podemos consumir fruta que tiene un precio razonable y que es importada? No sé si lo saben, pero en 2016 o 2017 cerró la empresa Moño Azul, de Río Negro, emblema de la industria frutihortícola argentina. Claro está que la noticia pasó desapercibida y a nadie le preocupó demasiado, excepto a los trabajadores que quedaron en la calle. 

Por citar otro caso, Coto (una cadena que no está en Lobos), te ofrece descuentos de hasta el 80 %, según las publicidades de los diarios que suelen aparecer los sábados. No somos culpables los consumidores si aprovechamos la promoción, lo que quiero reiterar, es que si están dispuestos a bajarte un 80 % el valor de un producto y aún así obtienen una ganancia, te das una idea de cómo te están pelando el bolsillo. 

Pero, mientras tanto, sigue la joda,  porque o nos entretienen con el caso del policía Chocobar, o con la trágica muerte de Débora Pérez Volpin. Si algo semejante nos llega a pasar a cualquiera de nosotros (léase un supuesto caso de mala praxis), quedate bien tranquilo que nadie se va a hacer cargo, a menos que súbitamente seas famoso o conocido en el medio. Ojo, Débora fue una excelente profesional de la comunicación, y no se merecía morir tan pronto y en circunstancias tan poco claras. Es harina de otro costal. Lo que digo es que si sos un pobre infeliz, tus deudos no tendrán ninguna posibilidad de que tu fallecimiento tengan responsables que vayan presos y rindan cuentas a la Justicia. Esto derriba el mito estúpido de que si vas a una clínica privada, todo va a estar bajo control. Hay delincuentes que ejercen la medicina en todas partes. Como también, abundan los profesionales de la salud que son de excelencia que laburan en situaciones límite y te salvan la vida agotando todos los recursos que tienen. Operando a un paciente con la luz de la pantalla de un celular porque el Hospital no tiene energía, por ejemplo.  

Volviendo al tema de la basura importada, recuerdo que en el año 2000, en el mismo supermercado, iba a comprar una de esas cajas con polvo para hacer flan, marca Royal. Me puse a ver el empaque y decía: "Importado de Uruguay". Esto es el colmo, esto es el fin, me dije. Profecía autocumplida: al poco tiempo aconteció "el fin". Con esto no quiero decir, ni dejar entrever, que vaya a suceder lo mismo ni mucho menos. Pero a veces uno se pone a reflexionar que la clase media está en vías de extinción, en términos de poder adquisitivo y necesidades básicas. Cada vez necesitás más guita para comprar lo mismo (lo cual no es nuevo). Esto, como es natural, te genera una profunda frustración, porque aunque impriman billetes de diez mil pesos, será sólo papel pintado. No quiero ni pensar cómo subsiste un jubilado con el haber mínimo, si no tiene a sus hijos o nietos que les den una mano económicamente. Lo que es más angustiante aún, es pensar cómo muchos de nosotros subsistiremos si tenemos la suerte de llegar a los 65, tener todos los aportes, y soportar la burocracia a la que ANSES nos tiene acostumbrados desde tiempos remotos. Punto final. 


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