9 de marzo de 2018

Declaración de principios (Parte 3)

Si escribo regularmente aquí, en este blog, es porque me hace bien, además del hecho de que los lectores puedan compartir mis puntos de vista. Siempre he sido crítico de todos los gobiernos, cuando considero que nos están perjudicando con sus decisiones. Y no pasa sólo por los índices económicos, sino por una serie de cuestiones que nos ayudarían a vivir mejor: salud, educación, Justicia (se escribe con mayúsculas pues hace referencia al poder judicial). Como la democracia es representativa, delegamos la tarea de deliberar y gobernar, en nuestros legisladores y autoridades del Ejecutivo. Si están en ese lugar, no es por arte de magia, sino porque obtuvieron la mayor cantidad de votos. Parece una obviedad puntualizar esto, pero a veces no nos hacemos cargo de la responsabilidad como ciudadanos. 

Como suelo decir, cada dos años hay elecciones, entonces quienes estén conformes con este rumbo poco alentador, lo ratificarán. Y aquellos que crean que se puede encauzar un nuevo camino, elegirán a otro partido político. La política travestida, marketinera, con slóganes mesiánicos, no nos conduce a ningún lado. Pasamos del "Síganme" de Menem (1989), al "Sí se puede" macrista (2015 en adelante) Aunque sea tedioso, hay que sentarse a ver los pocos programas de TV que perduran, y escuchar lo que estos tipos tienen para decir: oficialistas y opositores. Por supuesto, quedate bien tranquilo que si llegan al poder, las palabras se las lleva el viento, pero por lo menos que se dejen de joder con las chicanas (pésimo vicio argentino), y se pongan a debatir en serio. Caso contrario, no iremos nunca a ningún lado. 

La mejor forma de que la política vuelva a recuperar la credibilidad, es con dirigentes que se comporten de un modo creíble y coherente. Que ocupar un cargo no sea un salvoconducto para la corrupción, el robo, y el saqueo de todo lo que tanto costó conseguir. Ingenuidad, utopía, llámenlo como quieran: esto algún día tiene que terminar. Que todos paguen Impuesto a las Ganancias (entre ellos, el Poder Judicial y los jerarcas de la Iglesia). Que los fueros parlamentarios no sean una inmunidad para no ir preso. Sería bueno saber, por ejemplo, respecto al "resto fósil" de Menem, cuántos proyectos de Ley presentó en los últimos años que calentó el culo en una banca. 

Que se aparte de su cargo a los jueces garantistas, que se la dan de progresistas, y no es la misma cosa. Que nuestros hijos terminen sus estudios secundarios con los conocimientos básicos para iniciar la Universidad. Que las masas no sean funcionales a los sindicalistas que se enriquecen a costa de sus bolsillos. 

Pero como acá "el que no corre, vuela", como prima la viveza criolla, la estupidez y el cholulismo, es difícil revertir este estado de cosas, que no viene ni de ahora ni de Cristina, sino de hace décadas. Si aceptamos que somos un país subdesarrollado y que no hay señales de que eso cambie -al menos por ahora-, aprenderíamos a ser más humildes. Y a respetar al otro, aunque piense diferente. Punto final. 

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