16 de marzo de 2018

Ultimo viernes de verano: se viene el crujir de las hojas

Noche de viernes en Lobos. Los bellos atardeceres de verano, que durante buena parte de estos meses fotografié, pronto dirán adiós. Antes me parecía una tontería fotografiar el cielo, luego comprendí lo poco que miramos por encima de nuestra cabeza, y cómo el firmamento no es siempre el mismo. Se va tiñendo de distintos colores conforme el transcurso de las horas. Desde tiempos remotos el hombre tuvo fascinación por las alturas, por volar, como intentó hacerlo Ícaro en la mitología. La aviación y la aeronáutica son creaciones relativamente recientes. Porque para la historia, un siglo es un suspiro, en miles de millones de años desde que existe este planeta. 

Pero el otoño siempre es bienvenido, al menos para mí. Cuando comiencen los primeros fríos, habrá que volver a la rutina de cada estación, que consiste en renovar el placard con la ropa de abrigo que quedó guardada en una -o varias- bolsas de consorcio. Ahí se amontonan buzos, pulóveres, camisas, camisetas de dormir, y todas las prendas de vestir que suelen usarse. 

Comprar ropa de buena calidad (que no necesariamente es "de marca"), lleva tiempo, porque hay que recorrer distintos lugares, conseguir el talle justo, elegir el color, y algo que debería ser simple, no lo es tal, para que todas esas variables se den: talle- color- precio- calidad. Seguramente, cuando saque de la bolsa toda esa parva que ya les comenté, me llevaré la sorpresa de que los 10 kilos de más hacen imposible que me vista con buena parte de ella. Veremos. Todavía restan unos últimos días de temperaturas altas, y después ya está. Comenzará el crujir de las hojas bajo los pies. Cuando querés acordar, a las seis de la tarde ya es de noche.  Punto final. 




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