23 de noviembre de 2015

Tenemos nuevo Presidente


Para el periodismo, la palabra es "alivio", el fin de una transición que se hizo eterna. Tras una campaña electoral agotadora, no sólo para los candidatos sino también para los ciudadanos, se llegó por primera vez en la historia argentina a la instancia del balotaje. Mauricio Macri ganó con comodidad ante un impávido Scioli, que pagó caro el precio de la "campaña del miedo". Flaco favor le hicieron desde la Rosada al ex motonauta y Secretario de Turismo de Carlos Menem. Lo dejaron solo con su alma, pero cuando lo percibió era demasiado tarde. Algún día, se conocerán quiénes fueron lo que, desde el kirchnerismo duro, conspiraron contra él. 

La victoria de Macri es inobjetable, y marca una nueva etapa en la vida política de la Argentina. Es cierto que los argentinos hemos tenido malas experiencias con las alianzas (léase 2001), pero Macri no es De la Rúa, del mismo modo que ya no existe más la convertibilidad que fue el principal detonante de la crisis. El niño Mauricio deberá tomar medidas duras o impopulares, pero a todas luces necesaria. Es imperioso devaluar, pero él mismo sabe que una devaluación brusca resultaría contraproducente. Este texto no es un halago para Macri, con quien no coincido en muchos aspectos. Es el reconocimiento de hechos objetivos. El tipo ni siquiera asumió y ya lo están cuestionando. Esa puta costumbre, tan nuestra. Déjenlo hacer, déjenlo gobernar. Los sindicalistas, en lugar de llenarse los bolsillos, deberían ser los primeros en reconocer que este nuevo Gobierno le va a poner límite a la maquinita de hacer billetes. Por supuesto, las negociaciones en paritarias son legítimas, pero en un marco de racionalidad. Sino vamos a terminar con 12 paros como los que la CGT le hizo a Alfonsín. Macri es un tipo inteligente, quizás arrogante o soberbio, pero la actual Presidenta también lo es. Entonces, dede este humilde lugar, propongo de una vez por todas, tirar todos para el mismo lado, y si Macri o sus funcionarios son corruptos, que rindan cuentas ante la Justicia como cualquier vecinos de a pie. Porque la gente sabe que acá nadie va preso y eso genera indignación. El líder del PRO tiene la oportunidad de terminar con la corrupción, tanto la de sus funcionarios como la de quienes lo precedieron.

Punto final.

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