27 de agosto de 2017

Un fin de semana escribiendo

Se termina el fin de semana y cada vez que ello sucede uno piensa, invariablemente, en el día siguiente. En rigor de verdad, siempre proyectamos, pero cuando se trata del lunes lo hacemos con mayor intensidad: cómo planificar el trabajo, encontrarle la vuelta para que el tiempo nos rinda lo mejor posible. Es sabido las distintas sensaciones que trae consigo un domingo: lo más jóvenes duermen hasta tarde y se recuperan de la resaca del día anterior, hay otros que desde temprano van preparando todo para el asado o el almuerzo familiar. 

Insisto en que escribir, por placer, es la mejor terapia. Hoy dejé de lado mis prejuicios y terminé mi segundo cuento, entre otros tantos borradores que tenía. No estoy 100 % conforme con el resultado, pero lo voy a pulir y dar forma definitiva y recién entonces lo publicaré en algún lado. Sólo por darme el gusto de ver que el esfuerzo literario valió la pena. 

Por otra parte, todos saben que escribir (o redactar) es parte de mi vida, me dedico a esto, de manera que quise incursionar en la ficción, en la literatura misma, con total humildad, sabiendo de antemano que recrear determinados diálogos o situaciones no es sencillo. Mi hermano, que tiene varios libros publicados, lo hace con otro nivel, pero además aborda temáticas que no son las que a mí me entusiasman del todo. Pienso que es importante conocer tus limitaciones, tal es mi caso, pero proponerte derribarlas. Quizás lo mismo les sucede a cantantes que nunca han compuesto una canción y sin embargo tienen éxito comercial, como Baglietto.  

Por lo general, como hace rato leo ensayos políticos y no novelas, he perdido el uso de los recursos de los grandes escritores. El último libro que leí completo fue "Una sombra ya pronto serás", del gran Osvaldo Soriano. Pero si la lectura fue de principìo a fin, fue porque la prosa de Soriano me atrapó, algo que no siempre ocurre. Una pena que se haya ido tan pronto de este mundo. Así las cosas, hay que desterrar mitos y pensar que para ser un gran escritor tenés que haber leído a Shakespeare, Joyce, Proust, Borges, o tantos otros. Fontanarrosa, para muchos, no está en el podio de los grandes literatos argentinos, que lo consideran demasiado "mundano", pero a mi criterio es excepcional. Ironías de la vida. Punto final. 

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