30 de mayo de 2016

Los domingos lluviosos, un largo bostezo


Domingo por la noche en la ciudad. Una jornada que se caracterizó por una llovizna molesta y por el cielo plomizo, condiciones poco alentadoras para dar un paseo y gastar las suelas de los zapatos. Yo ya no pienso en el lunes como algo traumático, o como el día más difícil de sobrellevar porque empieza la semana. Como yo trabajo todos los días (en mayor o menor medida), para mí el lunes representa simplemente un mayor movimiento en la calle, la posibilidad de hacer más notas o entrevistas, pero no mucho más. Los días transcurren demasiado rápido, y en lugar de vivir el momento presente, los compromisos que debemos cumplir nos obligan a estár más pendientes de un sinnúmero de fechas que a veces carecen de sentido. 

Cuando éramos adolescentes, el lunes sin lugar a dudas era el día más odiado, porque teníamos que volver a la escuela, a no ser que algún paro o medida de fuerza nos salvara y nos extendiera el fin de semana. Inclusive, hubo una época en que boliches como Kabak abrían los domingos, cuando el contexto socieconómico era completamente distinto. Antes Lobos tenía más vida nocturna, y no me refiero solamente a boliches: había más bares, algunos para "gente bien" y otros para quienes sólo buscábamos cerveza o lo acotado que podía ser la oferta de bebidas del local. El problema es que la persona que emprende la aventura de abrir un comercio cree que por las vías tradicionales de publicitar (diarios, radio) podrá conseguir la clientela para comenzar a dar sus primeros pasos. Hoy, se puede publicitar hasta por Facebook y otras redes sociales, con un impacto mucho mayor. Eso también ha cambiado. Y debería haber más promociones, sobre todo cuando recién abrís el negocio, por ejemplo "pagan dos, comen tres", o cosas por el estilo, que en muchas ciudades se dan y acá están desaprovechadas. Cuando empezás a competir en un rubro, tenés que tirar toda la carne al asador. Recién después de que estés consolidado podés implementar otras estrategias. 

Faltan dos días para el tan ansiado "segundo semestre" que promovió el Gobierno como piedra fundacional de la recuperación económica. Hasta el momento no se vislumbra nada parecido, y era sabido que poner plazos para ese tipo de cuestiones rara vez arroja buenos resultados. Lo que ha sido un acierto, a mi modo de ver, es el anuncio de dar sentencia a los miles de juicios que los jubilados mantienen con el Estado. Ha sido una deuda pendiente de sucesivos gobiernos, y los ancianos no pueden esperar a su avanzada edad. Es momento de brindarles lo que se merecen, que es fruto del esfuerzo de años de trabajo y sacrificio. Muchos abuelos que demandan a ANSES mueren en el intento, porque hay un entramado perverso destinado a desestimar los pedidos de los jubilados, como si fueran ciudadanos de segunda. Esperemos que este proyecto impulsado por el Gobierno se convierta en Ley, para que se termine este laberinto burocrático. Punto final.

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