16 de mayo de 2016

Un lunes tranquilo


Lunes otra vez. La calle parece tranquila para el recién llegado, como si la ciudad todavía no se hubiera despertado de la  modorra del fin de semana. De a poco empiezan a circular camiones, colectivos, gente en bicicleta, y algunos autos, menos que antes. Un grupo de adolescentes que salen del Colegio pasa a mi lado, riéndose de la vida y comentando lo que hicieron el sábado en el boliche o en el bar. No parece un lunes común, sin embargo. No hay un gran movimiento, una actividad típica del primer día de la semana. ¿Será un síntoma de la falta de empleo, del período de recesión que estamos viviendo? ¿O es tan sólo la percepción de una persona que quizás no tuvo una mirada más optimista y condescendiente? Poca gente en los supermercados y almacenes, la gente compra poco, para el día nomás. La vida sigue, pero hay que ver cómo sigue. Será cuestión de adaptarse a lo que no podemos manejar, a las decisiones que toman los que están más arriba que nosotros, como sucedió siempre. No estamos en tierra arrasada tampoco, sería temerario afirmar algo semejante. El escenario político va mutando, hoy son otros quienes detentan el poder, y los que se fueron estuvieron demasiado tiempo, 12 años, como para marcar la cancha. En definitiva, siempre sostuve que los políticos y funcionarios de cualquier ideología llegan a ocupar esos lugares de privilegio sólo porque los votamos, pero no porque sean 100 % idóneos o capaces. A veces uno vota el "mal menor", o lo que se supone que traerá menores consecuencias para nuestros bolsillos. Y es una falacia que "el pueblo nunca se equivoca", porque reiteradas veces el electorado ha preferido seguir la coyuntura y no pensar en la cuestión de fondo, como cuando Menem fue reelecto porque no había inflación y estaba el "1 a 1". Si nos equivocamos en las decisiones que tomamos a diario, ¿cómo no nos vamos a equivocar al momento de votar? No es para sorprenderse, entonces, de lo que nos pasa. En el llano, hay vecinos que están a favor y otros en contra del actual Gobierno. Y siempre hay intereses e internas en el seno del partido que gana, cuando llega el momento de repartir los cargos, porque hay que dejar conformes a todos y no es fácil, más aún si se trata de un gobierno de coalición. 

Unos son más verticalistas: el Intendente, Presidente o quien sea, toma una decisión y el resto dice que sí y aplaude aunque no esté de acuerdo. Otros, sin llegar a tanto, forman pequeñas rebeliones o revueltas, porque hay mucha guita invertida en la campaña y ahora es momento de pasar factura y de buscar un puestito. Son dos modelos que bajo esta concepción, no sirven para mitigar las necesidades de la sociedad, que asiste como muda espectadora a una realidad que quizás no imaginaba. Punto final.

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...