4 de mayo de 2017

Las cosas por su nombre

Mediodía de jueves. Una semana atípica, en la cual hubo que comenzar redactando e informando todo lo acontecido en las Olimpíadas, y luego entró en una meseta. Pero es lo  mejor, porque te permite salir un poco del círculo vicioso de las conferencias de prensa, y empezar a hacer producción periodística propia. Salir a la calle a entrevistar a referentes políticos, artistas locales, y toda aquella persona que tenga algo interesante para contar o decir. 

Muchas veces no es sencillo coordinar horarios o llegar a un acuerdo, del mismo modos que hay quienes creen que un medio de prensa es una suerte de ONG. No es así, por supuesto que somos parte de la comunidad, pero nos sostenemos con publicidad. Y tiene un precio. Quien no esté dispuesto a pagarlo, dentro de las tarifas que cada uno maneja, no merece tener un lugar para promocionar un evento privado. Es algo que hasta el día de hoy, parece que no se entiende. Todo aquello que sea a beneficio de una causa noble, se publica sin cargo, porque estamos hablando de vecinos que recaudan fondos para otro que padece una enfermedad y necesita tratamiento, hay un fin solidario de por medio. Ahora bien, si querés promocionar un negocio, ya sabés lo que tenés que hacer. Esto es así aquí y en todas partes, no es posible conformar a todos ni ser funcional a un determinado comercio que no paga un centavo por publicidad. Ese es mi modo de ver las cosas. 

A diferencia de los diarios impresos, donde además de tener que pagar para comprarlo, los medios reciben publicidad, los medios digitales no cobramos nada por que nos lean. Internet es de libre acceso, y así debe ser. Pero no por ello deja de ser un emprendimiento, donde hay un fin de lucro. Sustentar toda una estructura no es fácil: hay insumos que reponer, gastos de combustible, miles de cosas. Por todo eso, no acepto ser "usado". Es lo mismo que la radio: vos no pagás nada por sintonizar una determinada FM (a diferencia del diario en papel), por lo tanto es lógico que se sostenga con la publicidad. 

Por otra parte, en cuanto a los mails o mensajes que cada uno de nosotros recibimos como parte de nuestro trabajo, nos reservamos el derecho de publicarlo o no, sobre todo en cuestiones sensibles donde no está claro quién es el remitente, no hay un DNI que no identifique, se escribe desde el anonimato. No es casual que aparezcan "cuentas truchas" de Facebook, y que muchos usuarios tengan que denunciar que les han usurpado la identidad. Es lamentable, porque cada avance tecnológico, parece traer consigo un abuso, le buscan la vuelta para embarrar todo. Tampoco es casual que ayer, cuando el servicio de WhatsApp se interrumpió varias horas, muchos lo vivieran como una tragedia nacional. Es hora de que cada uno se fije sus prioridades y dejemos de estar tan pendientes del celular, del boludeo constante. Punto final. 

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