13 de septiembre de 2017

La buena gente

Lo principal en esta vida, es tan simple como ser "buena gente". Y para conseguirlo, no es necesario pertenecer a ninguna clase social. Es simplemente, no estafar, no engañar, decir la verdad, ser agradecido. Pongo énfasis en esto último, nunca voy a dejar de agradecer a todos quienes me ayudaron de distinto modo: económicamente, con una palabra de aliento, con sus consejos, con sus saberes, sin caer en ese argumento estúpido de "avivar giles". Enseñarle a alguien lo que vos podés hacer, no es avivar giles, porque vos solamente le estás enseñando, el resto corre por cuenta del otro. El progreso, la dedicación, o algo tan sencillo como las ganas de aprender. Y ser buena gente también es aprender a cagarse de risa de la vida, a detenerse unos segundos para saludar a quienes te conocen y te aprecian cuando vas por la calle. Lo hago todos los días. Al señor que limpia por la mañana la Plaza 1810. Al otro señor que está en la esquina controlando el estacionamiento medido. Al mozo del bar. Al kiosquero que siempre le compro los cigarrillos. Son vecinos, compartimos la convivencia en una ciudad pequeña.
Considero importante, asimismo,  no vivir mirando hacia atrás pero sí mantener viva la memoria. 

La buena gente no es rencorosa, simplemente perdona a quien le hizo daño,  porque prefiere quitarse ella misma el rencor de encima antes que esperar que el agresor lo vaya a reconocer. La buena gente es la que te pregunta "cómo estás tanto tiempo", que se alegra de verte pese a que seas un mero conocido y no cultives una amistad. La buena gente no siembra el odio: donde otros pierden el tiempo en discursos de barricada, busca arribar a un consenso, a un acuerdo. 

De más está decir que no tengo todos los atributos o características que mencioné más arriba, lo digo sin ninguna vanidad ni falsa modestia. Pero cada día, trato de ser buena gente. Punto final.

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