1 de septiembre de 2017

Quemando los últimos cartuchos de cotillón

Comienza septiembre, y casi sin darnos cuenta entramos en el último trimestre del año. De más está decir que aún es prematuro para trazar un balance o algo que se le parezca, lo cual por otra parte no aporta demasiado. Hasta el momento, 2017 se ha portado bien conmigo, en comparación con el año anterior. Pero es demasiado parcial y subjetivo, a menudo olvidamos hechos que sin llegar a ser trascendentes, contribuyeron a que desandáramos el camino. 

Excepto por la coyuntura política y lo que pueda suceder en las elecciones, desde el Estado los ciudadanos nos sentimos desprotegidos, pagamos impuestos, tenemos derecho a reclamar y ser escuchados, pero como la planta de empleados públicos ñoquis sigue creciendo, es probable que nos encontremos con cualquier inútil detrás del mostrador, al mejor estilo del sketch de Gasalla. Cambiemos en el comienzo de su gestión redujo drásticamente la masa de empleo público, o al menos eso nos hicieron creer. Pero pusieron en su lugar a los amigos de turno, porque un "puestito" es buena recompensa para cualquiera que hizo lobby en la campaña. Así como subsisten los "Peronistas del '45", también están los "radicales puros", que no quieren saber nada con el PRO y están desencantados con la polémica convención de Gualeguaychú que selló la alianza entre el centenario partido y los globitos amarillos. El radicalismo, al menos tal como lo entendía Alfonsín, fue una fuerza política progresista, con gran compromiso social, lo cual a mi modo de ver no está plasmado en el actual Gobierno Nacional. Hay veces que resulta absurdo hablar de derecha o izquierda, porque en definitiva los dirigentes se contradicen entre sí y hay muchos "comunistas de salón", como decía Ernesto Sabato. Adoptar una ideología política implica tener un comportamiento ciudadano acorde con sus postulados. De lo contrario, todo se reduciría a calentar el culo en una banca o en una silla y esperar intervalos de dos años para salir del freezer. Pero como mencioné en otra nota, nadie puede negar que Cambiemos se ha convertido en una fuerza nacional, con candidatos en todas las provincias, y resultado dispar. En Buenos Aires, subestimaron a Cristina, quien en un demoradísimo escrutino terminó imponiéndose por 20.000 votos. Tanto CFK como Macri piensan en 2019. La diferencia es que Cristina no podrá hacer demasiado si no logra la unidad de peronismo como movimiento, y así sumar votos y voluntades. En cambio, el macrismo consiguió seducir a varios gobernadores peronistas y con ello se asegura que éstos bajen línea para sus legisladores en el Congreso. Punto final.

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