16 de septiembre de 2017

Ser esclavo de tus palabras

La entrevista a CFK, rondó entre lo patético y lo obvio. Patético, porque las declaraciones de Cristina buscando despegarse de los casos de corrupción kirchnerista, o bien sobre el incremento de su patrimonio, no resisten el menor análisis. Y obvio, porque era previsible que no iba a "inmolarse" y reconocer ningún margen de error o de autocrítica en plena campaña electoral. Una vez, un amigo me preguntó si yo creía que la ex Presidenta era inteligente. Respondí que no, en principio porque ella no puede alegar desconocimiento de lo que hacían sus funcionarios de más estrecha confianza, algunos tras las rejas y otros procesados por toda clase de delitos. Que tenga un buen léxico o que sepa improvisar largos y soporíferos discursos ante sus seguidores tiene sabor a poco, si de inteligencia hablamos. Fueron hábiles para delinquir, para hacer abuso de poder, para cometer fraude a la administración pública, para sembrar el odio y para llenar de ñoquis las oficinas de los Ministerios. Eso sí, no se lo vamos a negar. 

Hicieron de la lucha contra un multimedios (el Grupo Clarín), casi una cruzada, una causa nacional, una muestra de intolerancia ante un medio de prensa que (con fundamentos o no), se puso en la vereda de enfrente. No simpatizo demasiado con Clarín, pero entre tener todo el aparato del Estado en tu contra y ver que el otro bando está conformado por un grupo empresario...a quién elegís? Si Clarín miente, como ellos afirman y afirmaban, serán los lectores quienes dejarán de leerlo, y nadie desde el Gobierno, el de los K o el que venga, me va a venir a decir a mí lo que tengo que leer. Hablar de "medios hegemónicos" sonaba muy bonito, sobre todo cuando sostenés con pauta oficial un montón de diarios y canales parásitos y afines a la Casa Rosada, haciendo alarde de "pluralidad de voces" y de un falso progesismo.  Eso ya se veía venir, pero se agudizó luego del conflicto con el campo, en 2008. Se la jugaron tanto y fueron tan al choque, que la sociedad quedó consternada por lo que sucedía a diario, por la intolerancia, y por esa prepotencia de pretender decidir por los demás. Y si Cristina ganó las PASO por 20.000 votos en la Provincia, no es por mérito propio, sino por la coyuntura económica que estamos viviendo donde no abunda la supuesta bonanza kirchnerista. Macri no es un estadista ni mucho menos: es torpe para tomar decisiones sin medir el impacto social (léase tarifazos), y presenta un dircurso motivador más característico de un pastor evangélico de que un político. El mantra "Sí, se puede", se terminó. Hasta ahora no han podido, y entre errores propios y chicanas ajenas, Cristina ganó. Por un margen mínimo, pero ganó. Punto final.

Cuando lo insólito se vuelve costumbre

  Tenía la intención de escribir una nueva nota antes de que finalizara febrero, pero no fue posible. Simplemente no encontraba los horarios...