2 de noviembre de 2017

En la cresta de la ola

Pasadas las elecciones, y con triunfos por amplio margen en la mayoría del país, el oficialismo se encuenta en la cresta de la ola. Es "el momento", de máximo apoyo popular, y ello le permite al Presidente y sus funcionarios, continuar con un plan de reformas del Estado bastante discutible. 
Más impuestos por un lado, menos impuestos por el otro. Nuevos aumentos de tarifas. Modificaciones en la edad jubilatoria, y en la Ley de Movilidad que regula los aumentos a los jubilados, dos veces por año. Si se insiste en imponer "arancel cero" a los productos electrónicos, se importará mucho más. Y aunque en Tierra del Fuego se dediquen meramente a ensamblar teléfonos celulares o tablets, son fuentes de trabajo que se perderán. La provincia goza de un régimen especial, el cual caduca en el año 2023. Pero puede haber consecuencias en el corto plazo. 
Aumentar los impuestos a gaseosas, vinos, cervezas, entre otras bebidas, es otra decisión que no se entiende. Ya de por sí, la carga tributaria es muy alta, y obviamente si ésta aumenta, se trasladará a los precios al consumidor final. 

Por si todo esto fuera poco, se eliminó la obligación de liquidar divisas por las exportaciones, con lo cual el Estado no percibirá ningún dinero de los productores agropecuarios, en particular de la soja (excepto las retenciones), que es el cultivo predominante en el país. 

Hay casi 1.000 empleados nuevos en el Congreso. La Biblioteca de dicho cuerpo legislativo, tiene 1.700 personas en planta que supuestamente "trabajan". Nadie sabe para qué semejante despropósito, ya que inclusive la Bibioteca Nacional tiene menos personal y más de un millón de ejemplares. Podemos elegir el atajo rápido y decir que el Poder Legislativo nada tiene que ver con el Ejecutivo, pero estos ñoquis en potencia, no salieron a sumar burocracia por arte de magia. Hay "compromisos" que cumplir en la vieja política. Hay que recompensar con puestos a los amigos, familiares, y cualquier persona que haya hecho algo durante la campaña, o sin ella.

Lo que se está estudiando, aunque no se implementó aún porque su impacto sería tremendo, es la quita de subsidios al gasoil para el transporte público, sobre todo los colectivos de la zona metropolitana. El colectivo y el tren, son los medios de transporte básicos de los laburantes. Si aumentan las tarifas, y con los sueldos estancados, no habrá margen para un incremento del consumo. La gente seguirá gastando lo imprescindible para vivir, como en esos últimos dos años.

Si lo quisiera, el Gobierno podría reformar la Constitución, como lo hizo el menemismo cuando estaba en su apogeo. Claro está que no interesa demasiado hacerlo en estos tiempos, ya que aquella modificación que todos buscaban lograr (la reelección presidencial), quedó enmendada en 1994. 

Lo mejor, o lo peor, está por venir. No hay gradualismo. Se pretende aplicar "cirugía mayor" sin anestesia,  por más que los resultados electorales muestren que los argentinos respaldan a esta gestión. El capital político se dilapida (o se desperdicia) muy rápido si no hay una dosis de sensatez, y llegará el punto en que los propios ciudadanos pondrán un límite, si emerge una figura atractiva desde la oposición. Punto final.

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