10 de abril de 2018

Algo para decir antes de apagar la luz


Martes por la noche en la ciudad, con insólitas temperaturas para el otoño en ciernes (25º C en promedio), y una humedad “pegajosa” que, más allá del conocido adagio popular, no hace bien a la salud. Recién el fin de semana pasado, que llovió copiosamente,  pude empezar a relajarme y a disfrutar de esta mínima interrupción laboral que fue involuntaria,  por los motivos climáticos que mencioné antes. Venía de una semana en la cual no lograba despejar la mente y concentrarme en mis objetivos. Recuerdo que cuando estudiaba, mi desempeño académico en el Instituto –si bien no era malo- no me convencía y me generaba mucha tensión. Hoy que esos años quedaron atrás, le comento que estoy trabajando sobre una tesis, sin ánimo de presentarla a ninguna casa de estudios, sino por el interés de hacer un laburo de investigación y entregarlo a alguna institución que le sea útil. El tema que abordaré (si me da el tiempo), será la historia de Lobos desde 1983 hasta la fecha, en base a todas las áreas que componen una gestión municipal.



Traté de aprovechar estos días antes de que deba retomar la actividad, que entre el lunes (9/4) y hoy, arreció sin atenuantes.

Hay que dejar de ser nostálgicos. Por ejemplo, a mí me encantan los Beatles, pero desde 1970 no existen más. Sólo quedan los discos y las películas que hicieron. Hay que abrir un poco la cabeza y aceptar lo nuevo, pero no cualquier bazofia que aparezca, sino cosas que valgan la pena. 

Hay que aprender a disfrutar de la vida con aquello que nos haga felices (que nos puede llevar tiempo descubrir, pues no es lo mismo que "sentirse bien"). La lectura, la música, el cine, hacer el amor con una linda mujer, lo que sea. Porque, por si no se han dado cuenta, nosotros tenemos fecha de vencimiento. Llegará un punto en que estaremos demasiado viejos y enfermos, y nos arrepentiremos de todo aquello que no hicimos en nuestra juventud. Tengo casi 40 años y no estoy para boludeces. Hay que aprender a respetarse un poco más -en todos los sentidos- y no pasar por la vida pidiendo perdón por todo. Si te mandaste una estropicio, bueno, ya fue, seguí adelante y no te claves puñales por eso. 

Mientras voy cerrando el círculo de esta breve crónica, pensaba qué provechoso resulta para nuestra inestable salud mental ignorar los discursos que provienen la Casa Rosada, como en su momento lo fueron los de la Presidenta, con la famosa Cadena Nacional que nos quemaba la cabeza, y cuánta satisfacción podemos encontrar en hojear algo que nos aporte conocimiento genuinos, mientras pasamos revista a la actividad laboral del día o escuchamos un programa de radio.

Uno busca ,naturalmente, historias con las cuales pueda sentirse identificado, quizás por eso en la TV el género ficción tiene tantos vericuetos para concebir un producto exitoso. La modo de vivir de los yanquis es muy diferente al nuestro, y es por ello que en las series que provienen de EE. UU. hay cosas que no nos terminan de cerrar, porque son totalmente ajenas a nuestra realidad. Latinoamérica misma es tan diversa que muchas veces no entendemos el humor mexicano o chileno, por citar dos casos. Quienes alguna vez buceamos en el cable los canales internacionales, nos encontramos con distintas maneras de pensar la televisión. Una de las cosas que siempre admiré han sido los noticieros de otros países. No son sensacionalistas, los conductores no se hacen los graciosos al aire o subestiman al espectador buscando su complicidad. Simplemente, cumplen con la función para la cual existen, que es la de informar, difundir noticias, sin añadir comentarios o apreciaciones personales. 

El Telediario de la Televisión Española (TVE), es uno de los mejores ejemplos de lo que acabo de exponer. Los hechos son presentados tal como ocurrieron, sin adjetivos desmesurados, sin "exclusivas", "primicias", ni "último momento". Las noticias van pasando con el correr de los minutos, y punto. No hay demasiado que agregar más que lo necesario para ir de un tema a otro. No hay periodistas especializados en noticias policiales como aquí, y no es precisamente porque en Europa no haya delitos. Es otra forma de entender el periodismo, sin convertir a la noticia en un show. Qué lejos estamos de hacer un noticiero de calidad, y (lo que es peor) sólo hace falta un poco de sentido común para concretarlo. Punto final.




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