16 de abril de 2017

Un poco de paz en medio del caos

Un domingo tranquilo, sin grandes novedades. Durante todos los días feriados por Semana Santa, me confundía reiteradamente: el viernes yo estaba convencido de que era sábado, y así las cosas. Sin referirme puntualmente a este caso, pienso que hay varios feriados inútiles que deberían ser eliminados del calendario, como el de carnaval. Es joda, es fiesta, no recuerda a ningún prócer o acontecimiento histórico. Y precisamente, lo que más necesitamos es laburar y terminar con la joda, con las murgas y las comparsas. Por supuesto, habrá un sector de la población que guste de presenciar un carnaval, pero puede hacerlo siendo un día laborable, dado que la mayoría de los festejos de esa índole son por la noche. 

Siempre hay motivos para pensar que el futuro será mejor, aún en las peores condiciones. Es que, en realidad, el futuro nos sostiene emocionalmente, es como un faro que algún día creemos poder alcanzar. En estas líneas, reitero lo que expresé en otro post: todo tiempo pasado fue peor. Debemos entenderlo así, o practicarlo como un ejercicio mental, para no caer en la nostalgia que nos deja estancados, añorando un supuesto bienestar y prosperidad que alguna vez alcanzamos. Me molesta que hablen de los 12 años de kirchnerismo como una excusa. Es cierto, se robaron hasta los jarrones de la Casa Rosada, pero antes de los K estuvieron otros que también hicieron de la corrupción una costumbre. Es así que llevamos, diría por arriesgar una cifra, más de 50 años de idas y venidas, de efímeros momentos de estabilidad económica, y otros en el cual predominaba el "sálvese quien pueda". Todos buscan "salvarse", inclusive si ello implica cagar al otro. Como decían nuestros abuelos, venderte un buzón. 

Recuperar nuestra propia serenidad, en la medida de lo posible, nos permitirá afrontar de un modo menos convulsionado lo que vaya a venir. No tengo la receta mágica de cómo encontrar un equilibrio emocional, pero quizás algo que me enseñó la vida es darle a cada cosa la importancia que se merece. Ni más ni menos. Salir del pensamiento rumiante que te tortura todo el día, aunque más no sea tomándose un tiempo para escribir algo, del mismo modo que lo estoy haciendo yo ahora. De algo estoy seguro: Si vivimos pensando en la guita, estamos perdidos. Punto final.

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