5 de octubre de 2017

Cuando éramos jóvenes

Qué satisfacción es encontrarte con alguien que no ves hace mucho tiempo y que, antes de despedirse del encuentro casual en la calle, te diga: "me alegro de verte bien". Y es gratificante, porque sentís que no es un elogio previo a  emprender la huida, sino que nace de la sinceridad.  Qué bueno es darse cuenta de que en un pueblo chico, las nuevas generaciones van tomando la posta, los "millenials" asumen un rol protagónico, y así queda plasmado en las distintas vertientes del arte. Se denomina "millenials" a aquellos que nacieron o crecieron en la década de 2000, y que a los que ya peinamos algunas canas, nos sorprenden. Como a Charly García lo sorprendían esos "raros peinados nuevos", que inmortalizó en la canción del mismo nombre. En el otro extremo de la franja etaria, hay ancianos, como mi amigo Lito Couderc (84), que va a publicar su tercer libro con anécdotas y vivencias del vasto camino recorrido.

El mes pasado, cuando fui a cubrir la "Avenida de las Artes", me cayó la ficha del recambio generacional. Hay adolescentes y jóvenes con un enorme potencial creativo y que, si nuestro país aprende a valorar el arte de una buena vez, quizás puedan vivir de lo que les apasiona hacer. Lo mismo sucede con las bandas de rock, dedicarse 100 % a la música, vivir de los shows, el marketing, los conciertos, los discos, es casi un privilegio reservado a unos pocos, en muchos casos sin el menor atisbo de talento, que la pegaron con un hit y después firmaron un contrato con una discográfica. Cuando te ponés a conversar con un chico de 18 o 20 años y te comenta que escucha a Pink Floyd, Led Zeppelin, Los Beatles, sentís que aunque seas más viejo que tu precoz interlocutor, tenés algo en común. 

Y para concluir, el título de este texto es engañoso, porque tengo menos de 40 años y no me siento "viejo". Pero sí quiero afirmar que es un mito que los chicos no lean, quizás lo hacen de otra manera, no en soporte papel sino por Internet, pero leen, en muchos casos con espíritu crítico y cuestionando lo establecido, que es lo más importante. Es poco frecuente que un adolescente vaya al kiosco a comprar el diario, pero eso no significa que no esté al tanto de las noticias o de lo que está sucediendo. Punto final.

Los adolescentes y nuestra lógica incapacidad para entenderlos

Debo reconocer que a veces me decepciona un poco pensar que hay un número mayoritario de adolescentes que nunca leyeron un diario en papel (...