13 de octubre de 2017

Todo se construye y se destruye demasiado rápido

Estamos viviendo momentos de profundos cambios, que exceden lo político, y que tienen que ver con avances tecnológicos y la apropiación que hacemos de ellos. Se estima que una persona promedio mira 150 veces por día la pantalla de su celular, inclusive cuando no haya ninguna notificación, es decir, un mensaje que deba responder o un llamado que atender. El celular actual desterró a las tablets, porque cuentan con casi todo lo que tenían aquellas, además de la estrategia comercial de un diseño más atractivo. Yo no despotrico contra "lo nuevo", sino con el modo en que nos lo quieren imponer. Cualquier aparato se vuelve rápidamente obsoleto para la mayoría de la gente, por lo cual podríamos decir que no son bienes durables. Cada vez buscamos más nitidez en las fotos, mayor realismo en las imágenes, y en base a esto es que aparecieron las nuevas generaciones de televisores, con la llegada del HD. En todos los terrenos, inclusive en electrodomésticos tan básicos como un lavarropas, se está avanzando hacia lo digital. Ahora podés programar el tiempo de lavado, la cantidad de kilos de ropa, entre otras cosas. Cuando apareció el DVD creíamos que era el máximo logro para la experiencia de ver películas en casa, dejando en el camino a las videocaseteras. Pero pronto sobrevino la tendencia del "streaming", ver videos o películas por Internet en tiempo real, con el pago de un abono, al estilo Netflix. Para ser francos, ¿quién se sienta a ver una misma película más de una vez, excepto los clásicos del cine que hicieron historia? Visto de esa manera, no tiene sentido acumular DVD's que vas a ver una vez y después pasan rápidamente al olvido. 

La experiencia de ir al cine también ha cambiado: ver la película se ha vuelto casi una excusa en las salas de los shoppings, porque con la venta de pochoclos y bebidas ganan más que con el costo de la entrada. Y si buscás ver una película que no sea taquillera (o lo que se conoce como cine comercial), hay muy pocos lugares donde hacerlo. Ojo, hay filmes comerciales que son excelentes, al igual que hay cine "de autor" que es mediocre. La televisión es diferente, en particular los canales de aire, porque están orientados a un público amplio y muchas veces está como una imagen de fondo, almorzamos o cenamos apurados, prendemos el televisor y ni bola le damos a lo que aparece en la pantalla. Fíjense que casi todos los bares tienen un televisor encendido todo el tiempo, pero la gente toma un café y rara vez se detiene a mirar, salvo algún partido de fútbol de su equipo favorito, o de la Selección. En cambio, si vas al cine no podés hacer zapping: te tenés que bancar una hora y media (como mínimo), y puede salir bien o mal, según lo que te guste ver. Las críticas que aparecen de los estrenos pueden ser una orientación, pero no es taxativo, el crítico no es el dueño de la verdad, caso contrario todos los espectadores irían a ver las películas que son calificadas con "cinco estrellas" o con adjetivos grandilocuentes. Por eso, insisto en que, que algo sea complejo, no significa que tenga calidad artística. Algo que los críticos no parecen reparar a menudo. Punto final.


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