8 de agosto de 2022

Nadie cambia porque sí

 Lunes, comienzo de semana tranquilo. La verdad es que transcurrió de esa manera porque yo mismo no quise complicarme o enroscarme inútilmente. Fui a hacer un trámite a ANSES y por suerte me atendieron rápido. Pero, al parecer, no era el lugar indicado, ya que fui a averiguar por un programa de empleo que había visto en un diario, y eso corresponde al Ministerio de Trabajo o de Desarrollo Social, lo chequearé nuevamente en Internet. Mañana iré a la Oficina de Empleo del Municipio, si es que logro encontrarla, porque el Galpón que está sobre la Av. Alem, como es sabido, está siendo refaccionado para trasladar el Museo Pago de los Lobos. Y allí, en ese Galpón, funcionaban varias oficinas que fueron reubicadas provisoriamente en distintos lugares. A los efectos prácticos, no es complicado: Voy a la Muni y pregunto, y si no me queda muy lejos, hago todo en el mismo día.

 La última vez que concurrí para ver si conseguía algún laburo que me dé un ingreso extra, la atención del personal no fue la mejor. Además de que no había nada disponible para mí, lo único que hacían era fotocopiar los avisos que salen en un semanario local y los colocaban en una cartelera. Le daré una segunda (o tercera) oportunidad a ver qué onda, y si no me dan respuesta ya será momento de orientar la búsqueda hacia otro lado más eficaz y menos burocrático. Tengo más de 40, y sé que por mi edad quizás esté excluido para determinados puestos de trabajo, pero no puedo quedarme "tildado" pensando en eso y sin hacer nada. 

Hay muchos rasgos de mi personalidad que no me gustan, y a su vez están los que me calzan relativamente bien pero no son del agrado de los demás. Pero si me estás leyendo, no vivas pendiente de la aprobación ajena más allá de lo necesario, y digo “más allá de lo necesario”, porque en algún punto, al vivir en una sociedad, hay que establecer vínculos y resignar algunas cosas. Aclaración: No se trata de sentirse mal o bien. En mi caso, cuando hay algo que me fastidia o me molesta, no puedo disimularlo, me cuesta bastante “caretearla”. Lo que sí puedo hacer es permanecer indiferente ante los comentarios de los demás. Pero creo que me estoy yendo de tema. La cuestión es que, tarde o temprano, nos damos cuenta de que es momento de cambiar, por el motivo que fuere. Aceptar que ya no somos pibes, asumir la responsabilidad de laburar a conciencia, y comprender que sólo nuestros seres queridos se preocuparán por nosotros. Al resto de la gente no le importa un carajo de vos, simplemente porque cada uno vive dentro de su propia burbuja.

Hay que dejar de ser nostálgicos, pero eso no implica aceptar que todo "lo nuevo" sea superior. Ciertamente no lo es, al menos desde mi percepción. Pero no sirve despotricar contra eso. Llegará un punto en que estaremos demasiado viejos y enfermos, y no estoy dispuesto a seguir arrepintiéndome por cosas que no hice cuando ya mi tiempo se haya agotado.

Pero no hagas caso a aquellos que, de buenas a primeras, te dicen que es momento de empezar un cambio. Porque cada uno lo hace a su ritmo y como puede. Dejar de fumar y correr 10 kilómetros puede ser una gran meta para alguien, y para otro no significar nada. Yo estoy emprendiendo ese proceso, con tranquilidad, pero sabiendo quién soy yo y qué puedo dar. Hay que aprender a valorarse un poco más, y no pasarse la vida pidiendo perdón por todo. Nos podemos equivocar, pero sólo es necesario disculparse si pensás que ofendiste injustamente a alguien. 

El contacto personal es algo que nunca quiero perder. No sólo es esencial para la vida misma, sino para mi trabajo. De hecho, más de uno se dio cuenta de su verdadera dimensión durante la pandemia, con esas aplicaciones propias de los celulares o tablets que nos mantenían comunicados de un modo bastante extraño viéndonos a través de las pantallas de esos aparatos, con un delay considerable, y con una conectividad que en líneas generales no ayudaba mucho. Nadie quiere recordar lo que pasamos hace dos años, y yo no soy la excepción. Fue el peor año de mi vida, diría, aunque no sé si hay otro peleando en el podio. 

Estamos tan pendientes de tener el último modelo de celular o del chiche nuevo que fuere, que para lograr esas pequeñas metas consumistas sacrificamos tiempo que bien podríamos dedicar a conocer a alguien. No me interesan los amigos virtuales que tengo en las redes, salvo que los haya conocido desde antes, y en tal caso lo tomaría como una forma de seguir en contacto (si no viven en Lobos, por ejemplo). Es decir, no me parece ni mal ni bien, pero no le dedico mucho tiempo a compartir nada. A veces alguna nota como esta, o una foto. No estoy sacándome selfies constantemente, me gusta más fotografiar los atardeceres que son el momento más lindo del día. Claro que, mientras no me jodan a mí, cada uno puede disponer de las redes sociales como desee, no soy quién para juzgar.

 A veces me impresiona pensar en lo rápido que los objetos de consumo de vuelven obsoletos, y me pregunto si no nos estaremos acostumbrando a hacer eso con las personas, a declararlas obsoletas o a "darlas de baja" porque ya no tienen más nada que ofrecernos, porque ya no estamos en la misma sintonía, o quizás porque han decidido elegir un camino diferente al nuestro.

Y hablando de sintonía, recuerdo que hace unos días no pude dormir, me desvelé, y entonces se me ocurrió escuchar radio. Me he dado cuenta de que los grandes periodistas que supieron tener una mirada aguda e incisiva no están en los lugares que se merecen, o han sido reemplazados por locutores que interactúan con los oyentes proponiendo consignas o juegos por teléfono para ganarse un premio bastante pedorro. Aunque eso sucede con más frecuencia en los programas de la tarde, del formato "magazine". Ojalá podamos recuperar aquellas cosas que nos hacen bien, y bajarnos un poco del caballo, no ser tan soberbios, reírnos de nuestras propias estupideces sin sentir culpa por nada. 

Los adolescentes de ahora no son tan diferentes a quienes nosotros supimos ser. Es una actitud prejuiciosa mirar con un dejo despectivo a los pendejos, como si estuvieran totalmente extraviados, o como si ya no hubiera nada que hacer con ellos. Simplemente viven en el tiempo que les tocó, y se comunican de una manera diferente a la que teníamos nosotros. Cuando tenía 18, una persona de 40 y pico me parecía vieja (o mayor, digamos). Bueno, los pibes de ahora seguramente pensarán lo mismo de mí o de cualquiera que llegue a determinada edad. Tengo 43, así que imagínense. Por eso, creo que la mejor reflexión que me surje, es la siguiente: Aprendé a vivir con el tiempo que te tocó. Esto incluye usos, costumbres, el paquete completo. Lo demás lo vas a ir asimilando mientras transitás el camino. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 


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