21 de agosto de 2022

¿Siempre es bueno volver?

 Hace tiempo que vengo notando que, con el tema de los planes sociales en la Argentina, hay mucho de hipocresía y de doble discurso. Analizar lo que hay detrás de todo esto es relativamente simple, ya que no todo es como parece y no suma en absoluto hablar por lo que alguien nos dijo, como chusmerío. Conozco a mucha gente que percibe un beneficio de ese tipo y yo de ninguna manera los calificaría de "vagos", porque no los considero así. En la medida en que vos cumplas con una contraprestación, que el Estado te exige, no podemos ser tan huecos de calificar a todos de la misma forma, o de meter a todos en la misma bolsa. 

Por supuesto que, así como hay gente que contribuye con horas de trabajo porque no tiene acceso al empleo formal, están quienes probablemente cobren un subsidio -o como quieran llamarlo- sin hacer nada. A nivel local, más de uno que está bajo ese "paraguas", no lo dirá públicamente. Pero no porque sienta que está viviendo de arriba, sino porque le daría vergüenza entrar en una debate al pedo donde sin muchos argumentos se lo tilde de haragán. 

Pensemos que el gran problema que arrastra la población activa, que todavía no tiene la edad para jubilarse, es que sigue siendo muy difícil conseguir un trabajo registrado o "en blanco". Me ha pasado a mí y les pasa a muchos conocidos, que buena parte de nuestro historial laboral no figura en Anses ni en ninguna parte porque nuestro ocasional empleador no quería hacer los aportes para ponernos dentro de la legalidad. Si esto no ocurriera, habría menos moratorias jubilatorias, y nadie se atrevería a señalar con el dedo a otro vecino porque "se jubiló antes y nunca hizo nada", o razonamientos bastante elementales que carecen de razón, porque todos sabemos que el empleo registrado es una minoría. En CABA o en las grandes ciudades se nota menos, pero en el Interior, es así, lamentablemente. 

Esto no viene de ahora, los planes no aparecieron hace cinco minutos. Se trata de una ayuda social, si es que cabe el término, que desde hace muchos años se fue propagando, y el Estado destina miles de millones todos los meses, sin control alguno. El primer objetivo que se persiguió fue contener los piquetes, y durante un tiempo se logró, a cambio de estos recursos que empiezan a cobrar relevancia ahora, porque quienes nos gobiernan comprendieron tardíamente que debían hacer un ajuste. Ese que el kirchnerismo nunca hubiese querido reconocer y asumir, porque va en contra del discurso que sostuvo para la tribuna y que le ha rendido de un modo más que exitoso para obtener votos. 

Los primeros recortes a la fiesta interminable, comenzaron con una quita de subsidios a la luz y el gas, y no voy a hablar demasiado al respecto porque ya he dedicado varias notas. El impacto de las tarifas no será significativo al bolsillo común, considerando que los alimentos están aumentando con un porcentaje mucho más elevado que una boleta de luz. Ahora, si vos tomás la decisión política de hacer un ajuste, tenés que bancarte la que venga. La primera cuestión para plantearse sería: "¿Por qué no lo hicieron antes?". Básicamente, porque hasta hace unos años había plata para gastar (esto incluye pagar sobreprecios y desviar fondos), y como sucede con casi todos, llega el momento en que hay cortar el chorro. Durante el macrismo, contrariamente a lo que se piensa para una gestión que se percibe "de derecha", los planes, lejos de reducirse, continuaron aumentando, sobre todo luego de 2018. Siempre me pareció válido que hayan hecho una quita del IVA a alimentos esenciales, pero bueno, asumió otro gobierno supuestamente progre, y todo volvió todo a como era antes. Y ese es el primer error: Si una gestión de gobierno logra implementar una medida con resultados positivos, ¿por qué no la va a continuar el siguiente?

En el seno del kirchnerismo actual hay un profundo desconcierto, porque esta versión K es diferente a la de 2003, o a la de la "Década ganada". El contexto es otro, y los que están ahora saben que -a la usanza futbolística-, si no remontan el partido en los últimos minutos, la derrota está a la vuelta de la esquina. La interna feroz que hay en el oficialismo no conoce límites. Ya ni se preocupan en ocultarla, y están dispuestos a quemar las naves y a seguir saqueando lo poco que queda, mientras la sociedad mira lo que pasa sin poder reaccionar. Entonces lo que vemos, es que uno le dice "planero" al otro, con un fin obviamente despectivo, y muchas veces sin conocer realmente cómo viene la mano, que es lo que decía al principio. Si te otorgaron un beneficio (plata o lo que sea), es porque el sistema lo permite, claramente. Ya estamos grandes como para que nos sigan engrupiendo los que quieren sacar chapa de Robin Hood.

Es importante tener en cuenta que todos los medios de alcance nacional tienen una clara línea editorial, por eso siempre es bueno leer un poco de todo, aunque no estemos de acuerdo, por el hecho de conocer qué es lo que está en discusión, y qué es lo que opina cada sector, ya sea a favor o en contra. Es algo parecido a los que hacen determinados deportistas: estudian los puntos débiles del rival o del adversario. Si vas a discutir con alguien, por lo menos debés saber cómo piensa y en qué basa sus ideas, de no ser así, te vas a comer todas las chicanas y golpes de efecto que son propios de quienes nunca se la juegan de verdad. Por ejemplo, consideran "odiadores" a los que están marcando la cancha desde la vereda de enfrente. Yo diría que es al revés, porque yo no odio a un kirchnerista, quizás él me odie a mí, vaya a saber el motivo, y ni siquiera me importa porque yo soy independiente. Nos estamos viendo pronto. Punto final. 

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